Limpieza minimalista

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En la limpieza de casa soy de las antiguas, como nuestras abuelas. No hay forma, no me adapto a lo fácil – que dicen – que los aparatos de hoy nos ponen las cosas. La aspiradora, por exemplo, me molesta por su peso, ruído y por el cable, en lo cual me enrollo como una tonta. Intenté el robot, compré una marca más económica, no era lo que quería, pero este me custo la mitad de lo que cuesta la mejor marca. Por un año hice su trabajo con algo de dificultad, pues al tener mascota, la cantidad de pelo que tengo a casa es considerable. Lo peor era limpiar el robot. Desmontar, limpiar y montar. Qué aburrimiento!!! Tenía que hacerlo a cada semana. Ahora ya no tengo, el robot dejó de funcionar. Busqué la tienda donde lo compré, pero ya no existe. Busqué la asistencia de la marca, no la encontré. Ese es el precio de comprar una marca que no sea reconocida, el barato que sale caro. Como sabeis, busco ser minimalista, y por eso he decidido hacer la limpieza de casa como hacia mi abuela.

Hoy, si mi abuela estuviese aquí con nosotros haría 102 años. Nada imposible para mí família materna, en que las mujeres viven muchísimo. Tuve una tia que vivió hasta los 101 años y, una prima, que a dia de hoy tiene 92 años y con muy buena salud, considerando su edad. Cuentan de otras mujeres, no las conocí. Al viver lejos, antes en otra ciudad, ahora en otro País, la família se transforma en un recuerdo de niña. Mi abuela era pequenita, tenía 1,45m de altura. Murió con 84 años, por soledad, echaba de menos a mi abuelo que murió 16 meses antes. Murió mientras dormía, tenía una leve sonrisa a cara, imagino que vía a mi abuelo y por eso su cara se resplandeció.

Aprendi a cuidar de la casa mirando como hacia mi abuela y todas las mujeres que giraban a su alrededor. La visitaba 2 o 3 veces al año, pero sabía que aquello se repetía día trás día en aquella casa. Todos los días, al despertar, cada uno iba al baño para una ducha, que en general era casi fría. El calentador eléctrico no calentaba bien y cómo la cocina a leña aún no estaba encendida, la água aún tenía la temperatura fresca de las montañas. (Salvo yo, toda mi família materna, vive al sul de Minas Gerais, en Brasil. Esta es una zona más fria y rural, muy parecida con Galícia.) Después de la ducha, como era una niña, corría por la casa, desnuda y gritaba: – Frío, frío… Una de las mujeres, gritaba a continuación: – Ponte una ropa, arregla tu habitación y vente a desayunar. Venga, rápido! – Era lo que hacia, rapidamente ponía una ropa, arreglaba mi habitación y abría puerta y ventana para que todos mirasen lo ordenada que era. Me encantaba recibir los cumplidos de mis abuelos por mi comportamiento. Mis tias nunca lo hacían, siempre decían que sus hijos eran mejores en eso y en aquello. Había una disputa para ser el nieto preferido de mis abuelos, pero yo tenía claro, era la preferida, tanto de mi abuelo como de mi abuela. Cada un, a su forma, demostraba su cariño por mí. Mi abuela llenaba la nevera con compotas de dulces echas en especial para mi llegada y mandaba comprar cantidad y variedad de quesos, en especial uno que hacía un nudo y que me gustaba comer delante de la televisión, desenrollando el nudo y sacando lasca a lasca de la larga tira de queso. Mi abuelo por su vez, me llamaba para sentar a su lado para ver la televisión o para jugar cartas y, cuando iba a la cocina, tomar su pequenita taza de café, me regalava a escondidas unas galletas de almidón azedo que mi abuela hacía, pero que no permitia que se comiese al salón, pues las migas agarraban en la alfombra y después era una dificultad para limpiar. Él hacía eso solo conmigo, poco caso hacía a los otros nietos. Todos tenían un respecto muy grande por él, era un hombre de 1,87m, no sabía leer ni escribir, pero nadie era mejor que él en las matemáticas, hacia las cuentas a una velocidad brutal y todas de cabeza. Así fue que mi abuelo construyó su família, tuvo una mujer pequenita y completamente enamorada de él, que murió por echar de menos al amor de su vida.

La história que quiero contar es cómo aprendi a hacer la limpieza de casa pero, es imposible recordar mi abuela, sin tener en cuenta a mi abuelo. Aquella casa tenía una magia familiar, que echo de menos. Yo no me relacionaba con mis primos, eran todos mayores. Excepto una prima que vivió a casa de mis abuelos para estudiar. Ella llevaba 8 años a más, pero siempre estábamos juntas, ella me contaba como era su vida allí y yo le contaba la mía, en Rio de Janeiro. Cuando decía que vivía en Rio de Janeiro, todos ponían sus ojos como platos, era un lujo vivir en una ciudad grande, bonita y famosa como Rio, con playa, sol y tanta modernidad. Era lo que pensaban. Era una tontería, mi vida no era ningún lujo, era sencilla y pobre de acontecimientos. Yo tenía como 8 o 10 años, mi madre trabajaba a casa como costureira, yo estudiaba y tenía que ayudar a casa. Ella hacía la comida, las compras y me llevaba al colégio yo a cambio, después de estudiar, tenía que limpiar la casa y lavar los platos y cubiertos de las comidas. No tenía amigos, era muy solitaria y vivia con mis libros. Tampoco tenía dinero para comprar muchos, por eso una cliente de mi madre me regalava unos que ya no quería más. Mi tiempo libre era así, leyendo o pintando. Dibujaba y pintaba cosas que nadie comprendía, y como decían tontería o hacían caras de espanto, dejé de pintar. Me quedé con mis libros, la limpieza y orden de la casa.

Después de intentar me adaptar a los aparatos que facilitan la vida de la mujer, decidí volver al modelo que vivencie a casa de mi abuela. Me trae paz y una sutil memória de amor familiar. Como comentaba, después de la ducha y habitaciones arregladas, tocaba en desayuno. No me recuerdo de llegar para el desayuno y encontrar a un hombre a cocina, ni tampoco a casa. Era costumbre que por las mañanas los hombres estuviesen a calle o al trabajo, mientras las mujeres limpiaban y cocinaban. Cada mujer tenía su responsabilidad, a mi madre, cuando estábamos por allí, le tocaba matar y despelar el pollo para hacerlo cocido con una salsa de condimentos caseros y rallar el maíz para hacer la “pamonha” y el “cural”, dos postres brasileños que a mi me encanta. Mientras eso, una chica que ayudaba mi abuela, pasaba la escoba por todos los ambientes de la casa y después venía con un aparato, que era una mescla de fregona y mopa, pero de hierro y pesaba como un niño de 5 años. Ella pasaba por toda la casa, eso quitaba lo que aun podría haber de polvo y daba brillo al suelo de madera, pues cambiábamos el pañuelo por uno especial para brillo con uso de una cera que poníamos poco a poco al suelo.  Evidente que no uso este aparato pesado, lo sustituí por la fregona y estoy muy contenta. Hoy limpio mi piso de 80m2 en poco más de una hora. Lo hago todos los días. Suelo gastar más tiempo en la cocina y terraza, y después, en una habitación que uso como despacho y que está a top con lo único en que no consigo ser minimalista – los libros. Lo secreto para que sea tan simples? Creo que es la constancia, así la casa no se ensucia demasiado y, el habito de usar, limpiar y luego guardar en su sítio ayuda mucho en el día a día con la organización.

Y tú como haces la limpieza? Eres minimalista? Qué productos usas? Comparte conmigo su experiencia y hábitos de limpieza además de un poco de tu história.

Besos y hasta otro post.

 

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